Tenía amigos. Se divertía. Tenía una amiga especial. Se llevaba bien con los profesores (¡o al menos, con algunos!). Pero le faltaba algo.
Un día empezó a fijarse en que Mario tenía más barba que él, y le dio rabia.
Ramón hablaba mucho con su amiga especial, y le dio rabia.
Pilar tocaba el piano mejor que él, y le dio rabia.
Cristóbal era más rápido con los número que él, y le dio rabia.
Y la lista sigue infinitamente...
Dejó de querer a Mario, a Ramón, a Pilar y a Cristóbal por creerlos mejor que él y verle como una amenaza, en vez de como un amigo.
Y dejó de quererse a sí mismo.
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