martes, 21 de enero de 2014

¿Estoy enamorado?

Se sentía como si no pudiera amar a nadie.
No se quería a si mismo, ¿cómo querer a alguien?
Pero ella era increíble. La veía inalcanzable, aunque era accesible (o eso le decían!).
No sabía que pensar, pero ella le estaba volviendo loco. Haría lo que ella le dijera. Aunque, a veces, se enfadaba con ella sin motivo. Y la odiaba con todo su alma. ¿Por qué? No lo podía entender.
Iba a quedar con ella después de la clase de piano para hablar. Ella lo sabía. Sabía que le gustaba, y no era correspondido. Él sentía un dolor muy profundo, sentía que ella quedaba con él por pena. No se apreciaba en absoluto. 
Esperaba que todo cambiara esa tarde.
¿Cambiará?

¿Cómo tomarselo?

Decidió no parar de hacer cosas, escribir un blog (aunque fuera con entradas cutres), leer mucho, estudiar mucho, ver muchas series, nadar mucho y no parar de hacer cosas para no pensar el mantra repetitivo TU VIDA ES UNA MIERDA. Decidió escribir sus ideas, aunque fuera de forma desorganizada y caótica, en un blog. No podía frenar su producción, o volvería a deprimirse. Aunque no disfrutaba de lo que hacía. Trabajaba cual robot. Tecleaba cual robot. Y no es bueno eso tampoco. Lo sabía. Pero no podía parar.

¿Por qué?

Tenía amigos. Se divertía. Tenía una amiga especial. Se llevaba bien con los profesores (¡o al menos, con algunos!). Pero le faltaba algo.
Un día empezó a fijarse en que Mario tenía más barba que él, y le dio rabia.
Ramón hablaba mucho con su amiga especial, y le dio rabia.
Pilar tocaba el piano mejor que él, y le dio rabia.
Cristóbal era más rápido con los número que él, y le dio rabia.
Y la lista sigue infinitamente...
Dejó de querer a Mario, a Ramón, a Pilar y a Cristóbal por creerlos mejor que él y verle como una amenaza, en vez de como un amigo.
Y dejó de quererse a sí mismo.

¿Qué tal todo?

Blas, ¿qué tal vas? 
Blas respondió un poco creíble Mejor encogiéndose de hombros. Era la enésima vez en el día que le preguntaban eso. E instantáneamente el pensamiento Voy peor que ayer, pero mejor que mañana volvió a su mente. Últimamente estaba ido, ensimismado en sus problemas sin prestar atención al mundo exterior. Sentía asco por todo lo que antes le gustaba, por la gente a la que antes quería, por la vida en general. Nadie se lo podía explicar ¿Blas, ese chico que siempre iba sonriente, el que en Septiembre estaba radiante? ¿¡Ese que sacaba buenas notas, tocaba el piano, tenía sentido del humor, se interesaba por la política y hasta ganaba premios!? 
¡Es gilipollas, no se da cuenta de lo que tiene! Pensaban unos.
Ya se le pasará... Reflexionaban otros.
¿Tú crees, he leído que la depresión puede ser una enfermedad crónica y que una vez que se entra es muy complicado salir? Respondían otros.

Mientras tanto, Blas estaba en su mundo.
NO SOY TAN BUENO COMO ANTES, 
NO SOY EL MEJOR, 
LOS DEMÁS SON MÁS FELICES QUE YO PORQUE SE CONFORMAN CON MENOS, 
SI FUERA MENOS NEGATIVO TODO ME SALDRÍA MEJOR Y CON MENOS ESFUERZO, 
SOY MUY EXIGENTE CONMIGO MISMO. ESTOY FATAL, NO ME EMOCIONA MI VIDA.

Y TEMO VOLVERME LOCO.